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TLACUACHE
Tlacuache Fernando Galeana Padilla. Pareces ratón gigante pero no eres feo, tus ojitos tienen mirada de luna, se ven bigotes de un cauteloso amigo, te desplazas con la lentitud costeña caminando igual que si te hamaquearas. Cada vez nos vemos más seguido, te voy compartiendo algo que sé disfrutarás comiendo, tus palabras son diligentes, obsequiosas, naturales. Sólo te pido que no me escondas el trapeador con el que juegas, cada mañana lo encuentro tirado por cualquier lado. Cuídate ya ves que la ciudad no tiene tantos lugares para protegerte, cuando salgas apagas la luz de la jardinera, recuerda que en esta estación nos quitan el subsidio.
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LLEGAR A LA OTRA ORILLA
Llegar a la otra orilla. Fernando Galeana Padilla. Los días que viajan han bajado la velocidad, ruedan como llantas de calandria en la costera, ya de viejo no me gusta el ruido de las motos, pero antes me emocionaba, sobre todo cuando corría en una de ellas. Oigo el canto de los gallos como en los videos de cámara lenta, imagino el batir de sus alas en (slow motion), editada para una perfección en la compartida sala grupal de un chat. Ruedo por la cama y no alcanzo llegar a la otra orilla, hasta que recupero un espacio de tiempo libre. Me dedico a hacer algo propio de la…
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UN ARRULLO
Un arrullo Fernando Galeana Padilla. Solía tocar el piano, era la noche eterna, un arrullo columpiándose, se estremeció de tal distancia, arropándose en silencio, soñaba musicalmente.